Una vez más, tengo que hacer acopio de toda mi fuerza de voluntad, para volver a escribir. Esta vez ha sido un poco más fácil, ya que, en este preciso momento, estoy en mi lugar de trabajo (el diario suplicio que me da de comer), y, ante la perspectiva de trabajar o volcar mis pajillas mentales en un documento en blanco, la elección es fácil: veamos, ¿donde lo deje el otro día?
Cuando mi empresa decidió cambiarme de cliente, no vine solo. Una compañera, con la que llevo trabajando más de un año, vino conmigo. Una buena chica, la novia que presentarías a tus padres: sacó la carrera curso por año, se pagó sus estudios, lista y muy trabajadora, con novio formal desde hace mucho mucho tiempo...En definitiva, la clase de chica que no se acercaría a mi (un porreta y vicioso compulsivo) si puede evitarlo, y por la que yo nunca he mostrado el más mínimo interés: llamadlo reciprocidad, equilibrio del universo, el ying y el yang, o lo que os salga de los cojones.
Sin embargo, he aquí el meollo del asunto, hace ya un tiempo, salimos un grupo de gente del trabajo a un concierto de jazz, y claro, ante la magnifica improvisación del saxofonista, no pude sino celebrarlo como dicha fiesta se merecía, y así, al melódico son con el más puro sabor de Nueva Orleáns, el león, se emborrachó (y alguna que otra cosilla más que, por escasa, no merece la pena ni comentar).
La fiesta se prolongó hasta altas hora de la madrugada, hasta que ya, cuando no había mas bares abiertos para nosotros, decidimos tomar la (pen) ultima en casa de esta chica. Ni que decir tiene, que sentarme en el sofá y quedarme dormido fue todo uno. Cuando abrí el ojo por primera vez, ella y yo ya estábamos solos, cuando lo abrí por segunda vez nos metimos en su cama, y luego estaba demasiado ocupado (y borracho, recordemos) como para abrir los ojos.
La mañana siguiente, ante la perspectiva de una conversación que no me apetecía tener, opté por la siempre prudente cobardía de vestirme deprisa y salir a hurtadillas, mas, ¡tened cuidado amigos míos!, porque largo es el brazo del señor Vodafone.
Al final, no me quedó mas remedio que acudir una vez más a su casa (el detalle de trabajar con ella es muy importante para explicar mi responsable comportamiento), a tener la conversación que no quería tener. Aunque bueno, una vez llegué allí, hablar, hablar, lo que se dice hablar, no hablamos mucho.
(Continuará….)
Pd: como me gusta acabar los post en modo 24 (¡que grande es Jack Bauer!)
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Doc / Página web (3.7.07 23:51) ¡Vaya! Interesante post... Doctor, Crítico de blogs |
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(15.1.08 21:31) Para cuando el resto, hijo mío... |
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Bastet (5.4.08 21:28) si...la verdad es que te da cierto toque, digamos, interesante... :-) terminar los post así digo... Entré, te leí y me gustó. No sé porqué, pero seguiré entrando Un saludo |